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Evolución de la Humanidad y su Dieta, dos historias que se cuentan juntas -Primera Parte-

August 19, 2019

…La temperatura comenzó a subir. La aún tenue luz del sol traspasó sus párpados y estimuló su retina. Al unísono veloces circuitos eléctricos excitaron regiones primitivas de su cerebro encargadas de reiniciar el ciclo de funcionamiento. El reloj biológico indicaba el cambio de guardia de los mensajeros en su sangre, también llamados hormonas. Se detuvo la producción de melatonina y el hombre despertó de su sueño. Vislumbró entonces una esplendorosa mañana del Pleistoceno tardío, hacía unos 150,000 años en la sabana africana.

 Garganta de Olduvai en el Actual Tanzania, escenario de los primeros seres humanos

 

El cortisol inundó su torrente sanguíneo, lo que elevó la concentración de glucosa en su sangre. No siempre había comida disponible a esta hora del día y era importante iniciar con una buena dosis de energía para tener la fuerza de encontrarla. Por suerte el día anterior, la tribu había recolectado un pequeño excedente de tubérculos, cuando no, lo eran frutas, vegetales o frutos secos y ya mismo estaban cocinándolos a fuego lento. No hace mucho que habían descubierto esta técnica rudimentaria, aunque bastante provechosa de preparación. Aparte de ablandar la consistencia del alimento incrementaba su contenido energético.

 

Los ñames se calentaban y los gránulos de almidón que contenían se rompían. Cuando el hombre las hubo ingerido, el almidón ya estaba en perfecto estado para degradación por las enzimas digestivas. Antes hubiera sido imposible hacerlo por sí mismas y la absorción no acontecía. Pero ahora sí, una carga generosa de glucosa entró al organismo. Su páncreas secretó insulina para suplir de glucosa a los principales órganos y lo que quedó se transformó en reserva, en forma de glucógeno en el hígado y como grasa en los adipocitos. Estos adipocitos liberaron entonces leptina que junto a un péptido intestinal que ahora llamamos YY, le comunicaron al núcleo arcuato, centro estimulador del apetito en el hipotálamo, que podía suspender su acción por un rato.

 

Congregados bajo la sombra de un árbol, planeaban las actividades del día, repartiendo las tareas de caza y recolección: su método de supervivencia desde tiempos inmemoriales. No tenían idea que poco más de un par de millones de años atrás, sus antepasados eran bastante parecidos a aquellos de los otros primates tanto en características físicas como de comportamiento y dieta, excepto por la habilidad de caminar en dos patas, rasgo que apareció casi por casualidad hace aproximadamente 5 a 7 millones de años y que era compartido por una variedad de parientes ya no existentes, los homininos.

Representación de Lucy, una australophitecus afarensis, especie representativa de las primeras ramas de la familia de los homininos que vivió hace 4 millones de años.

 

Fue con la invención de las herramientas de piedra hace 2.6 millones de años, que pasaron paulatinamente de ser carroñeros a cazadores de primera clase. Inicialmente el filo tallado en las rocas, les permitió romper la cortical de los huesos de los animales que usualmente habían sido devorados en primer término por los altos eslabones de la cadena alimenticia y bajo esta dura cubierta, obtuvieron de la médula una rica fuente de ácidos grasos.

 

 A la par de la mejora en la calidad de alimentos, sus rasgos faciales se refinaron pues los dientes se volvieron más pequeños y el aparato masticatorio menos robusto ya que el tiempo para realizar esta tarea se redujo, su intestino se acortó debido a que una superficie tan amplia para la digestión resultó innecesaria. Todo esto permitió que se invirtieran los recursos energéticos en su cerebro y así se expandió su volumen y mejoró su capacidad cognitiva.

 

El tiempo y las circunstancias los fue modelando y después de poco más de 500,000 años apareció Homo erectus, un antepasado cercano que tenía la habilidad de elaborar herramientas de piedra aún más sofisticadas y con dinámicas sociales más complejas que permitían una mejor cooperación, lo que representó una ventaja para partir de la caza de conejos a la de antílopes, mamuts y bisontes.  Esta adición del menú en su dieta fue fundamental para catapultar el potencial de su cerebro, pues además de la proteína, la carne era abundante en omega 3 y 6, componentes esenciales de las neuronas y que ahora se presentaban en niveles sin precedentes. La selección natural favoreció la persistencia de individuos de estatura más alta y mayor masa muscular pues eran ellos los que obtenían y se quedaban con la mejor parte. Así nació hace unos 200,000 años, una superclase de primates con habilidades de pensamiento y comunicativas extraordinarias, el homo sapiens.

 Representación imaginativa de la Edad de Piedra por Viktor Vasnetsov

 

El hombre de nuestro relato y sus semejantes, pertenecían a esta nueva especie. Vivían en pequeños grupos que iban de un lugar a otro, pero confinados por ahora sólo a una pequeña porción del continente. La alianza dentro de su grupo de 40 o 50 personas era sólida, no así con sus hermanos vecinos con los que combatían incluso a muerte por los recursos alimentarios.

 

Decidieron partir hacia donde se pone el sol. Los hombres cargaron con sus herramientas en búsqueda de presas en tanto las mujeres cargaban y amamantaban a los hijos pequeños, apoyadas por las abuelas que ayudaban en la recolección de fruta y cuidaban de que los niños más grandes no se llevaran cualquier cosa a la boca porque a pesar de la neofobia como mecanismo de supervivencia, no había faltado el trágico desenlace de comer setas mortales.

 

Pasaron horas caminando sin representar para ellos un esfuerzo extraordinario pues solían recorrer en promedio distancias de 12 km al día. Lo que sí es que su estómago vacío había comenzado a producir una hormona llamada grelina, que viajaba otra vez al núcleo arcuato para que éste secretara orexina. El hombre lo percibía como apetito y apresuró su objetivo. Comió unas dos veces más de la recolecta antes de dar con una buena partida.

 

Visualizaron un grupo de antílopes y trazaron rápidamente su estrategia. Prendieron fuego a unos troncos y se repartieron a lo largo del perímetro. Se acercaron lentamente hasta que el primer antílope se percató de su presencia y ambos emprendieron carrera. Entre el alboroto, se logró acorralar a uno de ellos, lo sostuvieron firme y tiraron al suelo. La carnicería había sido el primer oficio del ser humano.

 

El hombre regresó con la presa al nuevo punto de reunión. Invitó a compartir con él la mejor pieza de carne del antílope a la mujer que por sus señas intuía se encontraba ovulando. Comieron del manjar que les había costado todo un día, recordándoles la sensación de placer que experimentaban cuando probaban de la dulce miel que hallaban en lugares puntuales y en determinadas épocas del año. Emociones que reforzaban su preferencia hacia los alimentos más dulces, grasosos o proteicos ya que eran los de más alto contenido energético y peculiarmente ventajosos para el cerebro y sus reservas.

 

El sol se ocultó. La melatonina subió nuevamente y el cortisol descendió, así mismo el páncreas ralentizó su función. El reloj biológico indicaba descansar y dejar que los descendientes de esta mujer y este hombre contaran por todo el mundo el resto de la historia...

 

CONTINUARÁ

 

Por: Dr. Enrique Agraz Villarreal

 

Notas

Imagen de Garganta de Olduvai: Olduvai Gorge or Oldupai Gorge en.wikipedia.org/wiki/Olduvai_Gorge por Noel Feans

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