© 2017 por Enrique Agraz

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El Color de los Imperios

August 13, 2019

Es inevitable sentir una culposa fascinación por los relatos de épocas imperiales, las noticias pretéritas que nos llegan se centran en la magnificencia y la tragedia de sus privilegiados gobernantes. Entre brillantes joyas, suntuosos ajuares y lujosa indumentaria, nos percibimos inmersos en ese mundo utópico, sin embargo, uno muy pequeño que desaparece en los confines del entorno palaciego.

 

Un paradigma de este tipo puede apreciarse en el filme, “El último Emperador” obra maestra de Bernando Bertolucci (1987), que en su tiempo fue merecedora del premio Óscar a Mejor Película y que está basada en la autobiografía del último emperador de China, conocido informalmente como Puyi.

 La Ciudad Prohibida (siglo XV)

 

La cinta nos atrapa literalmente dentro de la Ciudad Prohibida, en la que Puyi vive en una ilusión, apartado del mundo externo estrictamente y de su familia facultativamente. La revelación llega cuando aún niño lo visita su hermano, en una de las escenas más estremecedoras, en que el emperador obliga a un eunuco a beber de la tinta verde para reafirmar su poderío ante las acusaciones de su invitado (y antes de ahondar en la problemática de la trama, el espectador queda perplejo por la acción del sirviente y el entredicho envenenamiento en el cumplimiento de su “deber”).

 

La raíz de la discusión que suscitó el repugnante evento fue el reproche de Puyi a su hermano por utilizar mangas de color amarillo ¿Cómo se atrevía a vestir una tonalidad destinada para uso exclusivo del emperador desde hace más de mil años? Éste le respondió “Es que ya no eres el emperador”. Fue así como Puyi se acercó a la pared de cristal de su esfera de ilusión y se enfrentó a la cruda realidad de una China ahora republicana. Sus caprichos y excentricidades sólo tenían cabida dentro de la Ciudad Prohibida y eso si bien le iba…

 

Desde la antigüedad hasta tiempos recientes, pueblos y naciones a lo largo del globo han implementado en grados variados de permisibilidad códigos de vestimenta para distinguir a las élites de las clases obreras, lo que se denomina “Leyes suntuarias”. Estas reglamentaban desde el material textil (lana, lino, algodón o seda, etc.) hasta el tipo de corte y confección que cada una podía utilizar, y que, a grandes rasgos, resultan ser los más evidentes porque aún hoy se consideran los elementos que determinan el precio de una prenda (aparte del nuevo valor agregado de una marca u otra), con una brecha mucho menor por supuesto, gracias a la tecnología manufacturera.

 

En el caso de los colores, el panorama ha cambiado mucho más de lo que nos imaginamos, la tinción de las telas era una tarea remotamente sencilla. Las fuentes de pigmento al ser orgánicas, en ocasiones eran extraídas de los lugares más remotos o recónditos y el intricado proceso para obtener un tinte que no sólo pintara vívidamente, sino que durara y se impregnara íntimamente a las fibras de la tela podía tomar varios meses e involucrar otros materiales así mismo costosos.

Por eso es que los colores más exóticos y casi siempre los más difíciles de obtener eran los reservados para enaltecer la vida de reyes y emperadores. Sobre esto y muchas otras referencias cromáticas trata el magnífico libro “Las vidas secretas del color” de la escritoria Kassia St Clair (2017).

La emperatriz viuda Cixi, tía abuela de Puyi

 

Volviendo a la temática china, St Clair nos relata que lo especial del amarillo se debía sobre todo a su simbolismo que “junto con el rojo, el azul verdoso, el negro y el blanco, era uno de los cinco colores de la teoría de los cinco elementos. Cada color se correspondía con una estación, dirección, elemento, planeta y animal. El amarillo se asociaba con el elemento tierra […], así como su centro, el planeta Saturno, el verano largo […], y el dragón”. Fue así que el amarillo quedó sellado con la figura de su emperador desde tiempos inmemoriales. ¿Acaso el color de las prendas del máximo exponente de esa esplendorosa nación determinó que la colectividad occidental denominara a sus habitantes como de “raza amarilla”? Afortunadamente el término cae cada vez más en desuso.

 

Rumbo al este, en la nación nipona, el color para la corte imperial y los monjes era el púrpura o ahí llamado fuka mursaki (MacLaury, R, et. al Anthropology of Color, p. 311, 2007). Mientras que en el Mediterráneo, una tonalidad púrpura-rojiza proveniente de un molusco, el púrpura de Tiro (de origen mítico, en el que el dios fenicio Melqart lo dio en regalo a su amada nereida Tiro) llegó a ser el más preciado por la realeza romana, bizantina y las herederas de éstas.

 

Más allá de la vestimenta, cuando tocó el turno del protagonismo del azul en el continente europeo lo fue para servir de fondo en el escudo de armas del reino de Francia, que resaltó las flores de lis, asociadas a la pureza de la Virgen María. Fue así que partir del reinado de Felipe II de Francia “El Augusto”, el primero en utilizar el emblema, la heráldica europea estuviera repleta en azur.

 

Años más tarde, sobrevino la Revolución Francesa y con ella el surgimiento de un nuevo imperio al mando de Napoleón Bonaparte. Es curioso que el ocaso de Napoleón se asocie al verde, color ambivalente relacionado tanto a la vida como al veneno, pero no nos apresuremos.

 

Napoleón Bonaparte en la Isla de Santa Elena por Franz Josef Sandmann.

 

Nuevamente Kassia St Clair en “Las vidas secretas del color” nos relata la historia del Verde de Scheele que debe su nombre al científico que lo descubrió, un pigmento producto de la mezcla de cobre y arsénico. Este último elemento tiene propiedades tóxicas al entrar en contacto con el organismo, no obstante, se le permitió estar presente por décadas en una variedad de indumentaria humana. Refiere la autora que por ese entonces estaba de moda tapizar los interiores en Verde de Scheele y la recámara que confinó a Napoleón Bonaparte en la isla de Santa Elena después de su derrota, no estuvo exenta de tal gusto decorativo. Fue hasta el siglo pasado en que se pensó que fue aquel color el que envenenó a Napoleón, mientras otros dicen que murió víctima de un cáncer gástrico. La evidencia actual apunta más a lo último. St Clair hace referencia a una investigación del 2008 del Instituto Nacional de Física Nuclear de Italia, en la que se analizaron “muestras de cabello [de Napoleón] de distintas épocas de su vida y descubrieron que los niveles de arsénico habían permanecido relativamente estables. Efectivamente, eran muy altos para los estándares actuales, pero en absoluto para la época”.

 

 Margarita de Parma y María de Portugal

 

Quizá los de gusto más reservado, fueron los Habsburgo españoles, quienes solían vestir colores sobrios, predominando el negro que combina con todo. Esto les ganó fama de ser la corte más conservadora de Europa y ser el contraste de la paleta de colores de la Nueva España, lo que sirvió de fundamento para reprimir el uso de ricas y coloridas prendas en nuestro territorio, pues se decía que la apariencia de las damas indígenas, mestizas y criollas era de mayor opulencia que aquella de las europeas.

 

En los detalles de lo prosaico, se encuentra lo mágico de la vida.

 

Por:

Dr. Enrique Agraz

 

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