© 2017 por Enrique Agraz

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¡Me hice una prueba de ADN ancestral!

December 26, 2018

Dicen que cuando descubres tus raíces, refuerzas los caminos que nutren al ser: consciencia de tu naturaleza, perseverancia de espíritu, pertenencia a la tierra y comunión con el mundo…

 

Hace unos días tuve la dicha de experimentar por segunda vez en mi vida, lo emocionante y revelador que es conocer la historia más personal y a la vez tan universal detrás de mi existencia (la primera vez fue con mis investigaciones genealógicas).

 

Aproximadamente mes y medio atrás, tomé la decisión de realizarme una prueba de ADN ancestral (ácido desoxirribonucleico-la información contenida en el núcleo de nuestras células, heredado de nuestros padres y que nos hace únicos como seres humanos). Para ello, elegí formar parte del Proyecto Genográfico de National Geographic, mediante el cual contribuyes con tu sello personal a acrecentar el conocimiento del genoma humano.

 

Su laboratorio asociado se llama Helix y utiliza la tecnología más avanzada que existe. A ellos envías tu muestra de saliva (que contiene células de tu mucosa oral con 46 cromosomas nucleares y variados cromosomas mitocondriales cada una). El ADN es aislado para un intrincado proceso de análisis molecular que puede tomar más de un mes en completarse.

 

Una vez terminado esto, National Geographic lo compara en su base de datos con casi un millón de personas (entre ellos miles de personas nativas de distintas partes del mundo que han aportado su información genética desde que comenzó el proyecto en el año 2005).

 

 

A grandes rasgos, el método funciona identificando marcadores (mutaciones) en tu ADN que se presentaron hace miles de años y que comparten grupos de áreas específicas del planeta. Es decir que si captan “x” número de marcadores que sólo la población nativa del noreste de Asia presenta, y esos marcadores suman por ejemplo un 10% del genoma analizado, pueden decir con gran confianza (apoyados en operaciones estadísticas) que un 10% de tu origen se remonta a dicho lugar, que puede ser en forma reciente o de hace cientos de años (por ejemplo un africano-americano cuyos ancestros llegaron a Norte América hace 300 años, seguirá sumando un 100% de ADN africano si su familia no se ha mezclado con personas de otra etnia, aunque lleven varias generaciones de este lado del océano).

 

Otra particularidad que tiene el Genographic Project es que contrario a las demás empresas, sus resultados no se reportan con nombres de países en específico. Están conscientes que muchas fronteras son recientes y que la población en los últimos siglos ha experimentado grandes migraciones multidireccionales.

 

Por lo que ellos se limitan a reportar dentro de 22 regiones del mundo sin márgenes políticos, con identidad genética bastante singular.  No esperes que te informen tanto porcentaje de Alemania o de Ghana, sino de Europa Central y África subsahariana respectivamente.

 

Por lo tanto para nuestra población no hay algo así como un ADN mexicano o latino propiamente dicho, sino que es la mezcla de componentes americanos, europeos y africanos.

 

Precisamente esa es la composición que yo siempre tuve por entendido que tengo, soy orgullosamente mexicano, he estudiado la genealogía de mi familia por cerca de 15 años, sé que mis raíces son mestizas y para mí México es riqueza étnica y cultural.

 

Había visto en el pasado muchos videos en Internet y reportes por escrito de personas de origen mexicano que se habían realizado estudios de ADN, mostrándose muy emocionados y asombrados por sus resultados. Realmente es un gran descubrimiento y un abrazo a la diversidad cuando se conocen y aceptan estos hallazgos pero observé que sus antepasados pertenecían a las mismas categorías clásicas: americana, europea y africana.

 

Bueno, el día que recibí el correo indicándome que la secuencia de ADN estaba completa, junté a mi familia para darles a conocer los resultados y con desbordante emoción los fui leyendo en voz alta…En primer lugar de proporción se encontraba la región del Suroeste de Europa (comprendida por la península Ibérica: España y Portugal) y Oeste del Mediterráneo (islas de Cerdeña y Córcega, costa sur de Francia) que suman más de la mitad de mis orígenes.

 

En segundo lugar se encontraba mi herencia Nativa Americana, legada por mis antepasados pames, purépechas, yaquis y con esperanza, mexicas, en base a las áreas que sé habitaban mis ancestros.

 

Cuál fue mi sorpresa que al leer el tercer resultado me quedé boquiabierto. Resulta que no era ni africano ni de otra región de Europa, no era judío (se dice que los que tenemos raíces norteñas llevamos sangre judía), tampoco era del noreste de Asia/Siberia (porque los indígenas de América tuvieron ahí su origen ancestral antes de pasar al continente).

 

El tercer resultado era completamente exótico y diferente: Norte de la India.

Resulta que un 7% de mis orígenes, que corresponden a 1/16 parte de mí, o sea un tatarabuelo, debió ser o tener un linaje que lo conectara con el Norte de la India. Para alguien que es un apasionado de la genealogía esto es muy significativo, ustedes me entenderán.

 

Al principio como cualquiera dudé un poco pero como les comenté en un inicio, si reportaron eso fue porque encontraron marcadores específicos del Norte de la India en mi genoma.

 

A partir de ese momento, se abrió una inmensa puerta de investigación frente a mí, ¿Cómo era posible que no supiera algo de esto? Tenía que indagar sobre cómo y cuándo llegó esa sangre a mí. Lo que estaría por descubrir sería aún más fascinante…

 

El hecho de que uno de mis tatarabuelos debió ser de origen indio, específicamente del norte de ese subcontinente  me parecía casi inexplicable, hasta donde yo sabía todos eran mexicanos. Reflexionando un poco, creí encontrar la clave para resolver este misterio, el secreto había estado frente a mis ojos todo el tiempo…

 

Mi abuelita materna cursa ahora sus sesenta y tantos pero así como de joven, tiene ese no sé qué, que le confiere una especial belleza. Sus papás eran de Jalisco y nosotros atribuíamos a ello su apariencia, sin embargo siempre sentimos que sus rasgos querían reflejar una herencia distinta.

 

Comenta que en el transcurso de los años, alguno que otro árabe le ha preguntado si ella tiene ascendencia de Medio Oriente porque decían se parecía mucho a las mujeres de allá. En tiempos más recientes debido a que coincidentemente mi abuelita tiene un gusto especial por la cultura hindú, llegamos a encontrarnos con pakistaníes e indios que hacían alusión a lo mismo, que ella les recordaba a las personas de la India.

 

Cuando revisé su árbol genealógico, me volví a percatar que la identidad de su abuelo paterno no está del todo clara porque se dice que mi tatarabuela (o sea su abuela) había quedado viuda y había tenido a mi bisabuelo con un hombre del cual no sabemos mucho (mi bisabuelo llevaba el apellido del que era esposo de su madre). Curiosamente el papá de mi abuelita tenía acentuados esos rasgos propios de una población distinta a la nuestra. El asunto se vuelve más alucinante cuando les cuento que en los registros del censo nacional de 1930, en el apartado del pequeño pueblito de La Huerta, Jalisco donde nació mi bisabuelo (que en 1930 tenía 3 años de edad), se lista entre los cerca de 100 habitantes, a un hombre comerciante que se declaró ser originario de “Arabia”.

 

Es hasta ahora que mi estudio de ADN, permite que el eco de mis antepasados misteriosos se escuche. Y aunque no tengo un documento o una tradición oral que lo confirme, sí que se puede hacer un estudio de ADN a mi abuelita  para identificar el eslabón que nos conecta al otro lado del mundo aunque eso tardará un poco más.

 

Pero ahí no acaba la cosa, cuando me enteré de esto publiqué mis resultados en grupos de Facebook de Genealogía y ADN de México y Estados Unidos. Resulta que el origen del Norte de la India no es común para un mexicano, es más, la única persona que hasta ahora me ha contactado y que también tiene un reporte similar es de Belice y puede comprobar que su tatarabuela era de la India.

 

Aquí agradezco a todas las personas que amablemente me pusieron en contexto sobre cómo pudo un linaje del Norte de la India, que principió tan lejos de aquí, llegar a este lugar. Resulta que lo más probable es que mi tatarabuelo no naciera en la India, sino que con mayor posibilidad pudo ser descendiente de un enigmático grupo nómada, que ubica su punto de partida en la región noroeste índica: el pueblo romaní o también conocidos como gitanos.

 

El origen del éxodo de los ahora llamados gitanos (término erróneo por creerse en un principio que eran originarios de Egipto: egiptano que derivó en gitano)  se puede situar en torno al año 500 D.C. cuando en tintes de leyenda, el rey persa Baharam V, le pidió a un monarca de la India que le enviara diez mil luris, (expertos en el juego de laúd) para que tocaran música a los pobres. Al llegar, el gobernante persa les proveyó de un buey y un burro cargado de trigo, para que así iniciaran una vida sustentada en la agricultura. Sorpresa que al cabo de un año regresaron con las manos vacías, despertando la ira del rey persa que ordenó inmediatamente su expulsión y peregrinaje por el resto del mundo.

 

En cambio, algunos historiadores sitúan la partida de este pueblo en épocas más recientes argumentando que el vocabulario romaní es rico en vocablos militares. Cuando la expansión musulmana obligó a los indios a detener el avance de los invasores en los confines de su territorio, se cree que los futuros gitanos conformarían el frente de defensores que con el paso de los años se alejaría de sus tierras natales.

 

Lo que sí es consenso es que los primeros romaníes ingresaron a territorio español ya bien entrado el siglo XV y por lo tanto no lograron un tiempo de convivencia suficiente para mezclarse con la población local como sí lo hicieron durante ocho siglos los grupos bereberes en el Al-Ándalus (la España musulmana).

 

Por su apariencia inusual y extraño modo de vivir fueron constantemente relegados y perseguidos, no tardando en buscar refugio en las colonias americanas como la Nueva España y posteriormente el México independiente. Motivos sobrados tenían para ocultar su identidad y adoptar la cultura y nombres de su nuevo país. Factores que pueden explicar por qué no había tenido conocimiento de este origen hasta ahora.

 

En conclusión puedo expresar que toda esta experiencia ha sido sumamente gratificante, ya que considero que las respuestas que he encontrado forman parte de lo que entiendo por autoconocimiento. Es un privilegio apreciar de primera mano cómo el ser humano lleva inscrito en su genoma fragmentos de cada nación. Y que si creía saberlo todo respecto a mis orígenes, me he dado cuenta que estaba muy equivocado.

 

¡Te invito a sumarte a este proyecto! Echemos manos de la ciencia, para descubrir las maravillas que nos caracterizan, para que desaparezcan las fronteras mentales y nos aferremos a los lazos que nos hacen fuertes y conectan como UNA gran familia humana.

 

Por:

Enrique Salvador Agraz Villarreal

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