© 2017 por Enrique Agraz

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El Legado del Marqués Queretano

June 30, 2018

 

Nos situamos en Santiago de Querétaro, hermosa y dinámica ciudad; Colmada de historia, cultura y belleza arquitectónica.

 

Como sus hijos célebres más conocidos podemos citar a Los Corregidores, Don Miguel Domínguez y Doña Josefa Ortiz. No obstante, todo buen queretano ha de tener casi igual de presente a su insigne benefactor: Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila.

 Don Juan Antonio de Urrutia, vasco de nacimiento, fue el tercero en ostentar el título concedido a su familia. Llegó en su juventud al Virreinato de la Nueva España y en el año de 1721 comenzó a residir en la capital queretana, que se volvería su acérrimo hogar.

 

 

A partir de entonces, su vida se envolvió de leyenda…Cuenta el relato popular que el señor Marqués se enamoró de una monja capuchina (algunos incluso afirman que era una sobrina de su esposa) y que por lealtad a su divino sacramento, ella no le correspondió; pero aprovechando las atenciones de tan acaudalado caballero, le pidió que construyera un acueducto que introdujera la vital agua potable a la población.

 

Sería una prueba de amor, la que lo llevó a emprender una de las  mayores hazañas de la ingeniería en lo que iba de la Historia de México. La construcción del magno acueducto se inició en Diciembre de 1726 y duró 8 años, 9 meses y 19 días. Aportando el Marqués, la cuantiosa suma de $88,287 pesos de los $131,081 totales que costó; es decir, financió un 67.3% del emblemático canal de 74 arcos y 1280 metros de longitud .

 

Este noble acto de generosidad, le hizo merecedor del afecto de los queretanos de tiempos pretéritos y actuales. La ciudad le ha rendido homenaje en el Panteón de los Queretanos Ilustres.

 

 

El monumento que mejor lo conmemora, es la estatua que corona la coloquialmente llamada “Fuente de los perros”; que se ubica en la Plaza de Armas justo enfrente de la afamada casa de los Corregidores, cuna de la Conspiración Independiente. Este inevitable contraste entre lo republicano y lo novohispano, la convierte en una plaza nostálgica que subraya los mejores ideales de cada época.

 

Es obligatorio mencionar la magnífica mansión que el Marqués mandó edificar para su esposa, Doña Josefa Paula Guerrero y Dávila. Su realización fue encomendada al talentoso alarife Don Cornelio en el año de 1756, por órdenes de Don Francisco Antonio Alday, albacea de Don Juan Antonio de Urrutia.

 

 

Hoy la “Casa de la Marquesa” es un elegante hotel boutique o yo diría hotel/museo. Tanto la fachada como su interior, está dotada de espléndidos detalles que la definen como una de las construcciones más hermosas de la ciudad. Vale la pena conocerla y hospedarse, ya que aparte del encanto goza de una ubicación privilegiada en el centro histórico. Podrás contemplar las mismas salas que alguna vez presenciaron los emperadores, Don Agustín de Iturbide y Don Maximiliano de Habsburgo, entre otros tantos personajes.

 

La historia del Marqués, nos enseña una vez más que no seremos recordados por la riqueza que almacenamos sino por aquella que sirvió como instrumento para las buenas acciones y su consecuente legado, memoria que trascenderá por siglos al anteponer nuestra misión altruista a las cuestiones meramente personales: entregar un mundo mejor al que recibimos…

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